SI HAY HÉROES

Aunque usted no lo crea amigo lector, en estos tiempos todavía hay hombres y mujeres que realizan actos heroicos día con día y son de tal magnitud sus actos, que ofrendan su vida a la sociedad a la que sirven. No obstante que su actuación es constante, evidente y muy frecuente, la sociedad desconoce los actos de estos personajes, porque viven en el anonimato, aunque siempre están a la vista, mas pareciera que sus actos son peccata minuta.

Me parece que es importante que usted amigo lector y toda la sociedad, sepa que quienes trabajan para el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses y muy en particular,  el médico forense, el prosector y quien tiene el rango de menor jerarquía y un muy precario salario, los camilleros, de manera permanente exponen su salud de una manera por demás  evidente, pero imperceptible para la sociedad.

Considero justo decirle a usted, a través de esta columna en qué consiste el heroísmo de tales personajes, desde luego sin denostar la labor que lleva a cabo el resto del personal, al grado que el de la voz, resulta irrelevante frente a quienes tienen a su cargo la responsabilidad de dictaminar, reconociéndoles también su talento y cuya capacitación está ya acreditada a nivel internacional.

Quiero hacer de su conocimiento que estas personas a las que me refiero hoy y muy concretamente en lo que va de este mes, han expuesto su salud y en un momento dado, hasta la de sus  familias, pues son a quienes les corresponde el traslado de los cuerpos y  la disección de estos para estar en condiciones de emitir el peritaje de necropsia y a quienes  en ocasiones  les ha tocado atender cuerpos contaminados de una bacteria que se conoce médicamente como meningitis, que es de máxima peligrosidad de contagio, a tal grado que contamina el entorno de quien la padece con resultados fatales y en esos casos, los personajes a quienes me refiero: médico forense, prosector y camillero, después de desarrollar su labor, tienen que ser sometidos a tratamientos médicos muy fuertes, con el fin de combatir la bacteria que produce la enfermedad referida con antelación. Aunado a lo anterior, al concluir la necropsia,  es necesario llevar a cabo en el área donde se realizó, una asepsia drástica, acompañada de fumigantes que vengan a desinfectar dicho espacio.

Insisto en mi comentario de la heroicidad, respecto a estos servidores públicos, porque no tan solo es el evidente y frecuente riesgo que corre su salud y hay que decirlo también, para recibir un pírrico salario. Ojalá que este comentario llegue de igual manera al poder legislativo, que es quien autoriza  el presupuesto anual de esta institución, así como a la comisión de salarios, para que ponderen y reconozcan la alta responsabilidad de quienes realizan esta actividad al interior del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses y se valore la labor de ellos, pues también forman parte de la colectividad jalisciense y que indiscutiblemente tienen derecho a recibir un salario digno que les permita en proporción del riesgo de su actividad, vivir dignamente en compañía de los suyos. No es posible mantener una actitud indiferente ante la actuación de estos hombres y mujeres, servidores públicos que integran el área de medicina forense.

Al margen del servicio social que realizan quienes atienden a los familiares que acuden a esta institución a reclamar el cuerpo de un familiar, que por una u otra razón perdió la vida y que en algunas ocasiones por el exceso de cuerpos y algunas otras, por el dolor que representa la pérdida de un ser querido, es necesario por parte del personal que ahí labora, comprender y entender el malestar y en ocasiones, hasta la agresividad que despliegan en su conducta algunos de esos familiares, todo con el firme propósito de ser más eficientes y con ello, contribuir en auxilio de la procuración de justicia, que al final de cuentas es lo que resulta de esta actividad forense.

Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal

locb15@hotmail.com

Acerca del autor

Jorge Vargas
El Lic. Jorge Javier Vargas Lopez

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