“Al mal tiempo buena cara”

“Al mal tiempo buena cara”

Como reza el adagio popular, al mal tiempo buena cara. Hoy que inicia el nuevo año, los mexicanos tenemos que acogernos a esa sabia filosofía  y  como se dice popularmente, los dichitos son evangelios chiquitos y según la Real Academia Española, el evangelio es la verdad.

            Lo peor que nos puede pasar a cualquier persona y más a un pueblo es, el sentarse a lamentar su desgracia y creo que hoy por hoy, frente al estado de cosas por las que transita nuestro país, nos obliga a hacer acopio de nuestra valentía, de la gallardía que presumimos los mexicanos, de la dignidad que tenemos o debemos tener, de la determinación con la que debemos actuar frente a este panorama y es por eso que el patrón tiene que dejar de simular que paga el salario correcto y digno y el trabajador, dejar de hacer como que trabaja y darle calidad y cantidad a su desempeño laboral, con lo que fortaleceremos nuestro comercio. El agricultor, dejar de fraudear al pueblo, haciendo como que produce, a través de los programas de apoyo creados por el gobierno y por el contrario, programar la cantidad, la calidad, la zona y el tipo de producto más rentable y más conveniente para su cultivo. El servidor público hacer eso,   prestar un servicio al público con la oportunidad, la eficiencia, la cantidad, la cortesía, la disponibilidad, la entrega y por sobre todo, la honestidad, al margen del precario salario que muchos servidores públicos perciben, comparado frente a otros  salarios, como el que reciben los ministros de la corte, quienes mienten todos los días y por todos los medios, al decir que son garantes de la Constitución, cuando solo son cortesanos del poder político y dejaron la política de la justicia por hacer política con la justicia.

            Cada ministro de la suprema corte percibe un salario mensual mayor a los quinientos sesenta mil pesos, el cual no lo percibe ni el presidente del país más rico del mundo. Es inaudito que el congreso de la unión integrado por más de quinientos legisladores entre  diputados y senadores, no adviertan semejante situación, que los académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México, tan connotados y de tan célebres plumas, sean igualmente omisos frente a semejante dislate económico de la institución fundamental del gobierno mexicano como es la Suprema Corte de Justicia de la Nación, porque además estos sabios del derecho están enterados de que no es tan solo la cantidad que ya señalé, sino el haber de retiro, los gastos de representación y el colmo, hasta una parte para los lentes de su progenitora, que afortunadamente al parecer ninguno tiene; sin embargo, todos somos responsables.

Los líderes obreros deben estar enterados de la desproporción que existe entre el salario de la clase obrera y el de la élite de la corte, que bien visto sería y válido, que  tales ministros se bajaran de su pedestal y volvieran a la vida terrenal, renunciando a tan ofensivo salario y prestaciones, pues en ningún otro país del mundo se dispendia de manera tan agresiva el presupuesto del erario público.

            Así pues amigo lector, que ni Trump, ni el gasolinazo, ni las leyes consideradas  contradictorias a lo ofrecido por el mismo gobierno, nos arredren;  sino todo lo contrario, hagamos de este país una nación que es naturalmente, todavía, demasiado rica. Vamos  aprovechándola de la manera más honesta e inteligente, regenerando lo dañado, recuperando lo perdido, fortaleciendo lo existente y por sobre todo, restañar lo que nos legaron quienes nos dieron patria, quienes la fortalecieron, la engrandecieron, la dignificaron y  ni pueblo ni gobierno nos sintamos aludidos, vámonos sintiendo enardecidos positivamente para que desde el inicio de este año, dejemos el lamento y nos arrojemos al progreso, superando la impunidad, la cobardía, la ignorancia, el desinterés, lo que debemos inculcar y promover en nuestros hijos y los que ya tenemos, también en nuestros nietos para hacer de nuestra patria, no una avenida como generalmente los jóvenes hoy se refieren, no solamente una rúa, sino una nación compuesta de pueblo y gobierno.

A mis compañeros abogados en especial, los invito a que nos unamos y reunamos en pos de restablecer el estado de derecho a su máxima expresión, que es el único instrumento que nos hará crecer, avanzar y salir de este bache que tanto se lleva y trae por todos los medios.

Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal

locb15@homail.com

Acerca del autor

Jorge Vargas
El Lic. Jorge Javier Vargas Lopez

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