El siglo de la Constitución

El siglo de la Constitución

En el mes que termina, pero de 1916 se reunieron los constituyentes que produjeron la Constitución que hoy nos rige, la cual se promulgó hasta el cinco de febrero de 1917, ¡vaya carta social!

Bueno sería celebrar, no tan solo la elaboración y la promulgación de nuestra carta magna, sino mejor aún el hecho de que gobierno y sociedad la cumpliéramos, pero sobre todo los representantes de la autoridad, cuando rezan en cumplimiento del artículo 128 de esa Constitución, que protestan cumplir y hacerla cumplir, así como todas las leyes que de ella emanen, pero no dice que se entregarán y someterán al juicio y a la sanción, tanto de las leyes, como de la sociedad a la que se deben.

Sí, sí desde luego que es motivo de celebrar esos derechos humanos que desde el año de 1813 el siervo de la nación, don José María Morelos y Pavón con su puño y letra, así los plasmó cuando escribió tan semejante documento que a estas alturas todavía están incluidos en la Constitución, pero que desafortunadamente aún no se cumplen, no obstante que es un documento que frente al mundo es motivo de orgullo.

Me parece que es urgente más que celebrar la promulgación de la Constitución de 1917, que desde ese entonces y hasta la fecha, tiene más de seiscientos noventa parches y válgame la expresión por no decir estulticias, las  que se le han implementado en pos de hacerse un traje a la medida quien tiene interés de adecuarla a sus circunstancias y a sus intereses, que de esas picias que contiene las más de seiscientas noventa adecuaciones, es urgente más que hacer una nueva Constitución, quitarle esos remiendos desastrosos, irracionales, incongruentes e inútiles como son la creación de las diputaciones plurinominales y más grave aún, la de los senadores de partido, porque de seguro no lo saben, quienes instituyeron en la Constitución los senadores de partidos, que los senadores tienen una razón de ser, ya que son los representantes de los estados en el Congreso de la Unión, que fue el motivo por el cual en el propósito de perfeccionar nuestro régimen de gobierno, así lo acordó el constituyente de 1857 para que  fueran dos por estado sin importar el tamaño territorial o poblacional, sino por lo trascendente que es la representación de una entidad federativa, por lo que a mi juicio, resulta una barbaridad legislativa el que lo hayan establecido y que aún permanezca en la Constitución la figura de los senadores de partido. Ya basta de tanta insolencia cometida y consentida en agravio de las instituciones y mayormente, en agravio de la sociedad.

Por todo lo anterior me parece que más que estar pensando en una nueva Constitución, en una nueva constitucionalidad como dicen por ahí, hagamos nosotros la sociedad, para que no nos quede el saco que inconscientemente nos construyó Mahatma Gandhi al decir: cuando el que gobierna es un idiota, es porque otros lo eligieron, un saco que nos queda a la medida, en particular a los abogados y más aún a los académicos quienes tenemos la más alta responsabilidad de inculcar a nuestros educandos el valor civil y la dignidad de cumplir y hacer cumplir la ley, que nos permita superar el estatus del que tanto se reniega, pero que poco o nada se hace.

 Vamos siendo mejores mexicanos, mejores ciudadanos, mejores padres, mejores maestros, mejores hijos para hacer la patria que los que la constituyeron de seguro todavía se mueven en su tumba, esperando que se cumpla lo que ellos procuraron para nosotros y que en algunos casos hasta ofrendaron su vida.

Esperemos el 5 de febrero de 2017 con la determinación, la valentía y la gallardía que un pueblo y gobierno de bien nacidos lo debe hacer para rescatar la dignidad y el renombre de nuestra patria.

Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal

locb15@hotmail.com

Acerca del autor

Jorge Vargas
El Lic. Jorge Javier Vargas Lopez

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