–La sabia naturaleza– De: Luis Octavio Cotero Bernal

Solo la naturaleza no perdona la mentira, cuando el ser humano no respeta las condiciones naturales del universo en que vivimos, esta pone orden y recobra lo que le fue alterado o le fue arrebatado y cuando cobra, cobra demasiado caro.

            Cuando no cuidamos el aire, el agua, el respeto entre unos y otros, pero sobre todo a la flora o a la fauna, por más que nos queramos engañar, mentir u ocultar  con el propósito banal de obtener supuestamente un beneficio, al tiempo, la naturaleza nos acomoda.

            Al margen de la buena, mala, mucha o poca seguridad que el estado nos proporcione, si nosotros los seres humanos no reconocemos o aceptamos que la ley natural existe y que establece que los derechos de cada uno llegan hasta donde inician los del otro, es cuando nos descomponemos en nuestra conducta y sus consecuencias, con salidas que en ocasiones llegan desafortunadamente, hasta el hecho de perder la vida de manera intencional o imprudencial, lo  que ha traído aparejado nuestra descomposición social y que llevó a los hombres a crear instituciones de castigo y las de la justicia, con el propósito de restablecer el orden natural que de por sí ya debemos guardar.

            La riqueza natural de la que providencialmente el ser humano y en particular quienes poblamos este hermoso país, incluye la flora, la fauna, el medio ambiente, el clima, el agua, la que se nos dio de manera espléndida y que en un lapso de cincuenta años los que ahora somos sesentones, poco más poco menos, hemos acabado con aquello que tan generosamente recibimos, pues hoy el agua y el aire severamente contaminados; la flora y la fauna igualmente agredidos, propiciándonos un ambiente severamente insalubre, provocándonos enfermedades muy prolongadas, muy dolorosas y demasiado frecuentes que los que ya disfrutamos, qué bueno, pero creo que debemos legar a nuestros hijos y nietos, una situación más sana y más generosa en todos los aspectos y no hablo de dinero, me refiero a promover una cultura de respeto a nuestro espacio en todos los rubros de la vida, como lo es el evitar “mentir”; esto es, no engañarnos propios y extraños, autoridades y particulares, porque como lo he dicho en un principio a la naturaleza no se le engaña, pues esta se reencuentra y restablece al precio que sea y que muchas de las veces son precios muy altos, que cuestan muchas vidas  y  que cuando fallecen, aunque no es consuelo, es menos triste y doloroso que el ver a niños y niñas deformes o jóvenes enfermos, porque  el agua y el aire están contaminados, por la intranquilidad de la cual deriva el estrés, este último un nuevo elemento permanente que nos ha llevado a un estado muy insano en lo físico, en lo emocional y en lo social.

            En esta ocasión, aunque desde  otra perspectiva, quiero insistir en el tema de que se instituya en nuestro país en la legislación penal mexicana el delito de perjurio, sino nos gusta la forma en que actualmente está incluido en los códigos, el de dar informes falsos a una autoridad en el ejercicio de sus funciones; o bien, un término más llano o el que usted amigo lector pueda sugerir, pero al final se trata de evitar el mentir autoridades o no autoridades, castigándose severamente para evitar las injusticias y sobre todo la comisión de delitos, ya sea por acción o por omisión, pero para que la justicia que tanto anhelamos sea real, quiero insistir en la penalización calificada para quién miente como autoridad o de un particular ante esta en el ejercicio de sus funciones.

 

Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal

locb15@hotmail.com

Acerca del autor

Jorge Vargas
El Lic. Jorge Javier Vargas Lopez

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