Los envilecidos en el poder

Los envilecidos en el poder

Es muy obvio pensar que un personaje empoderado es educado, afable y sencillo, tal como lo fue su padre, quien fue mi maestro en la preparatoria de Jalisco, mi maestro de literatura. Me refiero a un hombre verdaderamente culto y lo que todo sabio requiere para serlo: humilde y accesible.

Considero que ni el exceso de trabajo, ni las múltiples ocupaciones, legitima a un servidor público a ser arrogante, a creerse importante aunque lo sea, sobre todo, porque el servidor público lo es, porque así lo desea y porque se le concedió la oportunidad de servir a la sociedad.

Nadie quisiera encontrarse con esta clase de servidores públicos, aunque desafortunadamente así sucede con más de algún servidor público de primer nivel y aún más, con los inferiores. Todos ellos tienen atribuciones de ley, siendo su deber, atender con cordura y educación a cualquier ciudadano y compañero del servicio público por muy alta que sea la jerarquía entre uno y otro. Poseer la capacidad de escuchar y respetar educadamente el acceso a su persona por muy imprudente que le parezca la intervención, pues es un derecho humano y un deber moral y social, el respetar el honor y la dignidad de cualquier semejante.

Lo anterior lo comento, en virtud de que en mi función de Director General del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses en los términos que sugiero, se debe conducir quien tiene la jerarquía sobre un subordinado de manera respetuosa e inteligente, hacer que las responsabilidades se cumplan desde la intendencia hasta la posición más importante, sin perder la ubicación de la mortalidad que nos iguala a todos y buscar así mismo, en el tenor de la mayor eficiencia, eficacia y condescendencia, prestancia en el trabajo.

Se deben también buscar los recursos o medios que estimulen la actividad laboral y desde luego reconociendo pública y socialmente el resultado positivo de un esfuerzo generosamente desempeñado en la actividad laboral que por sí sólo genere un estímulo personal, emocional y moral a quien así lo hace.

El día 28 de septiembre en un discurso del gobernador con motivo del servidor público, a través del cual planteó a todos los funcionarios del servicio público que reunamos el perfil que nos engrandezca como individuos en los términos que he comentado y en el que coincidimos plenamente, que ojalá no se nos olvide a titulares y subordinados, el privilegio que es ser servidor público y no una prebenda que nos legitime para denostar y descalificar a otro, que además de lo negativo para su persona, se le revierte a quien lo hace.

No perdamos el sentido de responsabilidad y el control de una mano firme, pero suave en el desempeño del servicio público.

Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal

locb15@hotmail.com

Acerca del autor

Jorge Vargas
El Lic. Jorge Javier Vargas Lopez

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