La naturaleza y sus normas II – Por: Luis Octavio Cotero Bernal –

La naturaleza y sus normas II

La semana pasada me permití hacer un comentario sobre la actuación de los ministros de la Suprema Corte  en torno al matrimonio entre personas del mismo sexo, en el que hacía una acotación respecto a la naturaleza entre los seres vivos, entre flora y fauna y los humanos y hoy me permito presentar algunas justificaciones gramaticales y etimológicas del cómo debería de llamarse la unión legal entre personas del mismo sexo y que someto a su respetable consideración.

Con la diarrea legislativa que padecen  nuestros  ministros de la suprema corte  de la nación en los últimos días, no únicamente atacan a las instituciones sino también al origen de las palabras las cuales son la herramienta que todo ser humano usamos para comunicarnos y darnos a entender con el mundo que nos rodea.

A partir de las últimas resoluciones que se incorporan al derecho como jurisprudencias de aplicación obligatoria para los órganos jurisdiccionales, se terminó con el principio etimológico de las palabras que caracteriza a las instituciones jurídicas;  ahora, al adquirir un bien o servicio ya no se llamará compra venta; cuando se preste un inmueble ya no se llamará comodato, tampoco  resultará  necesario que los consortes manifiesten  el régimen patrimonial que rija la unión.

Por cierto, la célula elemental de la sociedad es la familia que se formaba a partir de que los heterosexuales se  unen  de dos formas,  como lo  son el concubinato y el matrimonio, este último vocablo etimológicamente proviene de la formación de la palabra latina   matris et monium que quiere decir   “dolor de madre”, y de esta unión germinó la semilla que dio fruto a varias instituciones jurídicas;  árbol frondoso que por la precaria muestra de la cultura de nuestros ministros fue talado, tan fácil que era resolvieran usando el origen etimológico  de las palabras, dado que la unión de personas del mismo sexo tiene un nombre independiente del matrimonio volteando los ojos a la etimología, ya que la unión de una mujer con otra mujer se llama ginegamia, y  de hombre con hombre se llama androgamia y esto sería dar a cada quien lo que le corresponde, heterosexuales y comunidad gay, en esta sociedad incluyente y todos a vivir en paz.

Ojalá la rebuznancia, perdón, la ignorancia de los legisladores locales de nuestro país se detenga tantito a razonar, ojalá lo puedan hacer, en lo que aquí he dejado planteado para que no se vayan de bruces  continuando su diarrea legislativa modificando los Códigos Civiles, porque ya lo dijo la tremenda corte de la nación, que nada tiene de suprema que el tremendo Juez Trespatines y Nananina demuestran más raciocinio en sus juicios en un tremendo caso de burlicidio a la inteligencia de Rudesindo.

 

Mtro. Luis Octavio Cotero Bernal

locb15@hotmail.com

Acerca del autor

Jorge Vargas
El Lic. Jorge Javier Vargas Lopez

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